Capítulo 2. La primera vez que lo arrancamos.

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septiembre 2, 2017 1:06 pm Publicado por Deja tus comentarios

Después de conseguir abrir el coche lo intentamos arrancar, estaba claro, la batería estaba muerta, no teníamos pinzas, el interés de los vecinos parecía haberse desvanecido. Ya era tarde, solo podíamos revisar el nivel de los líquidos y poco más, tampoco sabíamos qué mirar.

Nos despedimos del coche dejándolo abierto por la puerta del acompañante, cerca tenía una pared y era la menos accesible. No queríamos repetir otra vez la escena del robo para cambiar la batería.

Al día siguiente fui al Carrefour, ya había visto que allí estaba la batería más barata, en ese momento no tenía la certeza de que el coche pasara la ITV y tampoco tenía dinero como para arreglarlo, por mínima que fuese la avería. Con cualquier batería bastaba, ya era un esfuerzo.

De nuevo estábamos los tres frente al coche, esta vez abierto y no hacía tanto frío. Era de día, el aparcamiento más cercano estaba libre y estábamos mucho más cómodos. Siempre he tenido herramientas, así que sustituirla no fue un problema. Estábamos nerviosos, no sabíamos qué iba a pasar.

Me quedé con el capó abierto mientras uno de mis hermanos estaba en el asiento con la llave preparada en el contacto, ahora lo pienso y solo podía mirar, si algo hubiese sonado mal no hubiera sabido qué hacer. Mi otro hermano estaba a un par de metros del coche, en la parte trasera.

El contacto giró, se encendió la luz de los calentadores, cuando se apagó mi hermano terminó de girar la llave y antes de lo imaginable el coche ya había arrancado, no titubeó, durante unos segundos hizo sonidos metálicos, hacía mucho que el aceite no empapaba algunas zonas del motor.

Ya había escuchado antes el sonido de su motor, como ya he dicho, mis hermanos lo habían tenido un par de años, no era nada nuevo. Cuando ellos lo tenían, pasaba por su lado y siempre me quedaba mirándolo, pensando lo que me gustaba, pero no recuerdo haberlo conducido o haberme metido en su interior para olisquear. ¿Dónde tenía la cabeza? ¿Tanto he cambiado?

Antes de poder reaccionar vimos una gran humareda negra que salía por el escape. Los dos que estábamos fuera gritamos para que el conductor apagase el motor.

Tras el coche, el suelo de cemento gris claro estaba negro, como si alguien hubiese tirado un cubo de carbón triturado tras él. Vimos que era carbonilla y no dudamos en arrancarlo de nuevo. El primer acelerón volcó otro cubo de suciedad al suelo, esta vez los vecinos sí tenían excusa para llamar a la policía. Tras varias pisadas de pedal el coche dejó de escupir humo negro.

No teníamos ITV, pero sí un aparcamiento donde poder dar un paseo y probar los aspectos básicos del coche. Su conducción parecía perfecta, hicimos zig zag, frenadas, encendimos la radio sin éxito y probamos todas las luces, la emoción ocultaba la multitud de fallos que tenía. El coche dejaba marcas en el suelo con cada curva, las ruedas estaban totalmente pasadas.

Ya se hacía tarde, la luz empezó a desvanecerse y pensamos en revisar los mejores neumáticos de repuesto y colocar los que estuviesen en mejor estado.

Lo próximo sería pasar la ITV.

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Esta entrada fue escrita por Duarte

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