Capítulo 3. Su primera ITV conmigo

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septiembre 4, 2017 3:31 pm Publicado por Deja tus comentarios

Teníamos cita con la ITV por la tarde, me daba tiempo a salir del trabajo, recoger el coche e ir tranquilos a la inspección. En ese momento tenía dos jefes de mierda, por lo que no salí a tiempo y solo quedaban minutos para la cita. Recibí un mensaje de mis hermanos diciendo “Vamos de camino”. La aventura comenzaba.

El día era soleado, salí lo más rápido que pude, casi sin despedirme de mis compañeros. Sé que el semáforo de la calle de mi trabajo era largo, pero ese día debía estar roto, se hizo interminable. La estación de ITV estaba muy cerca del trabajo y dio la casualidad que en una rotonda se me cruzó el BMW con mis hermanos en su interior. Ya estábamos juntos pero en diferentes coches, solo nos quedaban unos minutos.

Tengo que decir que elegí una de las peores estaciones de ITV de las que hay, el lugar donde te atienden parece que siempre está de obras, es un cajón provisional que lleva años, no te da buena espina cuando estas a punto de pasar esta prueba. Mientras esperábamos el día se nubló, era un día húmedo pero sin lluvia. Hicimos lo que hacían los demás y nos pusimos a acelerar para sacar la carbonilla del escape, no sin pensar que podía ser contraproducente. Dimos tanto la nota con nuestro humo negro que decidimos dejarlo hasta más tarde, para así solo dar un gran acelerón antes de entrar en nuestra calle.

Llegó el momento, nuestra matrícula ya estaba impresa en la pantalla. Entramos y seguimos las instrucciones del inspector. El claxon sonó, los limpiaparabrisas echaron agua, todas las luces se encendieron, ningún testigo alertó de fallos, parecía que el coche estaba a gusto con nosotros y se estaba portando bien.

No pensábamos más que en la prueba de los gases. Durante las ITV de mi coche de uso habitual me suelen sacar del puesto de mando y el propio inspector presiona el acelerador hasta más no poder. Siempre me fastidia que lo hagan, ya que en alguna ocasión superan las revoluciones por minuto recomendadas. Este día iban a dejar todo negro.

El inspector metió la sonda por el escape, yo no me había quitado el cinturón, no pensaba ofrecerle el asiento para que él apretase el acelerador. El inspector era joven, probablemente tan viejo como el coche, no sé por qué pero en muchas ocasiones despierta mayor interés en gente joven. Serio, se dirigió hacia mi y me dijo: “Pulsa el acelerador a fondo”.

No le iba a hacer caso, no pulsé ni la mitad del acelerador al tiempo que mis reflejos detenían el pie. En ese momento pensé que la había cagado, apenas lo había apretado. El motor sonó, pero nada comparado a lo que puede sonar. Él tocó un botón en la pantalla y me repitió: “Pulsa el acelerador a fondo”.

Con una gota de sudor bajando por mi frente volví a acelerar lo mínimo que pude, pero antes de ni siquiera recorrer la mitad de lo que había acelerado anteriormente el inspector me dijo: “Ya vale”. Y me miró con una sonrisa.

Estaba confuso. Solo se me ocurrió pensar que ya tenía tantos fallos que ni siquiera iba a perder el tiempo con los gases. Después de apuntar algún dato en una pequeña libreta o papel nos dijo que esperásemos fuera.

Estábamos seguros de que no había aprobado, yo tenía el teléfono de la grúa para llevarlo a un mecánico, probablemente el presupuesto hiciese que tuviéramos que mandar el coche al desguace, sería un querer y no poder.

Antes de poder reaccionar salió de nuevo el inspector con la pegatina que nos dejaba salir en marcha. Él estaba más contento que nosotros mismos, no no los podíamos creer. La pegamos en ese mismo momento.

Mis hermanos volvieron con el coche y lo dejaron en su aparcamiento habitual. No había planes inmediatos para el coche, ya que no pensábamos ni que pudiese pasar la ITV.

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Esta entrada fue escrita por Duarte

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