Capítulo 4. El placer de conducir.

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septiembre 4, 2017 3:32 pm Publicado por Deja tus comentarios

Semanas después de pasar la ITV tuve por fin la ocasión de coger el coche por unos días. Mi idea fue utilizarlo para ir a trabajar, probarlo, sacarle fallos, buscar soluciones.

De camino a casa me di cuenta de la gran diferencia de conducir este coche con un coche moderno. Aprendí a conducir con un mercedes de los años 70, pero ya se me había olvidado, me había acostumbrado a los aceleradores de plástico.

Al entrar al coche se podía notar el olor a cerrado, a polvo, a viejo.

El motor era muy ruidoso, parecía que entraba el sonido al habitáculo por todas partes.

La dirección estaba un poco dura, ruidosa y sobre todo tenía mucha holgura, siempre conducía como si ráfagas de viento empujasen el coche.

El pedal del embrague se resistía mucho más de lo que pensaba, pero ofrecía un tacto mucho más preciso que mi otro coche, podía notar perfectamente cuando realizaba su trabajo con la planta del pie.

Cambiar de marchas era un espectáculo, la holgura del pomo era tanta que la marcha atrás no se podía meter, ya que este chocaba con el lateral antes de engranarse la marcha.

La caja de cambios era muy ruidosa en algunas marchas. Dar paseos con la quinta marcha daba dolor de cabeza.

El retrovisor derecho era terrible, parecía que tenía aumento, apenas tenía visibilidad. Era bastante incómodo.

Los asientos eran tan duros e incómodos que por poco tiempo que estuviese al volante terminaba con dolor lumbar.

Me llevé el coche a casa, lo aparqué y le eché sus primeras fotos. Me encanta como su morro aparece tras la columna de manera agresiva.

Pero a pesar de sus defectos me encantaba.

 

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Esta entrada fue escrita por Duarte

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